
Casi toda lotización empieza con un Excel de disponibilidad, y hace bien: es gratis, lo entiende cualquiera y para treinta lotes y dos vendedores alcanza.
El problema no es el Excel. Es que la tarea cambia y el Excel no. Cuando pasas a varios proyectos, etapas, vendedores en campo y separaciones que vencen, aparecen siempre las mismas cinco fallas.
1. El archivo se multiplica
Alguien manda el Excel por WhatsApp para que un vendedor lo vea en la feria. Ese vendedor lo descarga. Al día siguiente hay dos archivos, y cada uno tiene un lote vendido que el otro no.
No se arregla con reglas de nombres de archivo. Se arregla cuando existe un solo lugar donde el estado del lote es cierto y todos lo consultan en vez de copiarlo.
2. Nadie sabe cuándo cambió un estado
Un lote aparece como vendido. ¿Quién lo marcó? ¿Cuándo? ¿Con qué documento?
Sin esas tres respuestas no puedes resolver una discusión de comisión, ni saber si una separación venció, ni auditar por qué un lote estuvo reservado tres meses sin avanzar. El historial de cambios de una celda no existe: la celda solo tiene su valor actual.
3. “Disponible” significa cosas distintas
En un Excel, un lote suele estar disponible o vendido. En la realidad de una lotizadora hay más estados, y cada uno obliga a una acción distinta:
- Disponible — se puede cotizar y vender.
- Reservado — hay un interesado con prioridad, pero sin pago.
- Separado — hay un pago de separación, con una fecha de vencimiento.
- No disponible — bloqueado por un motivo de la empresa (aporte, servidumbre, uso propio).
- Vendido — con contrato firmado.
Cuando esos cinco estados se aplastan en dos columnas, la consecuencia concreta es que las separaciones vencidas no le avisan a nadie y el lote se queda congelado.
4. El precio y la disponibilidad viven separados de la venta
El Excel dice qué hay. La proforma se hace en otro archivo. El contrato en un Word. El cronograma de cuotas en una tercera planilla, y los pagos en la del área de cobranzas.
Cada traspaso es una oportunidad de tipear mal un dato, y el número que más se tipea mal es el precio. El síntoma que se nota primero: un cliente llega con una proforma cuyo precio ya no existe, y hay que decidir entre perder margen u honrar un error.
5. Nadie puede ver el estado desde el terreno
El vendedor está en el stand, con el cliente delante, y pregunta por WhatsApp a la oficina si el B-12 sigue libre. Si es domingo, no hay respuesta.
Acá es donde el Excel cuesta ventas de verdad. No porque el dato esté mal, sino porque no está donde se necesita.
Cuándo conviene dejarlo
El Excel deja de alcanzar cuando aparece cualquiera de estas cuatro cosas:
- Más de un proyecto o etapas dentro del mismo proyecto.
- Vendedores que consultan disponibilidad fuera de la oficina.
- Financiamiento propio con cuotas que hay que seguir mes a mes.
- Separaciones con fecha de vencimiento.
Con una sola de las cuatro ya se puede sobrevivir con disciplina. Con dos, el tiempo que el equipo gasta en cuadrar archivos empieza a pesar más que el trabajo comercial.
Qué debería reemplazarlo
No cualquier sistema: uno donde el inventario sea la única fuente y todo lo demás cuelgue de ahí.
En Cronos360 el lote es el centro. Tiene sus cinco estados, su historial de quién lo cambió y cuándo, su precio vigente, y de él salen la cotización, la separación, el contrato y el cronograma de cuotas sin volver a escribir los datos. El mismo inventario alimenta el mapa interactivo del proyecto, la web pública y la app del vendedor, así que el lote que se vendió a las 11 de la mañana deja de cotizarse en todas partes a las 11 de la mañana.
Si quieres pasar tu Excel a eso, la carga masiva importa tus lotes desde una plantilla: el sistema valida, los coloca en el mapa con su área, precio y estado, y desde ahí sigues trabajando con el mismo inventario que ya tenías.
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